Bar Mistela nació en Valencia con alma de barrio y, siete años después, desembarca en Madrid de la mano de Destudio.
El encargo: trasladar a Chamartín esa manera tan suya de entender el bar (buen producto, cocina reconocible, sobremesas que se alargan y un trato cercano) sin perder un ápice de su identidad, pero adaptándola a un local de mayor escala y con un potente componente exterior.
MISTELA CHAMARTÍN (Madrid)
El proyecto se resuelve en dos plantas y una generosa superficie exterior. La planta baja concentra la barra, el corazón social del local, junto a la sala principal y el acceso a la terraza interior acristalada; la planta primera cuenta con la cocina y salas polivalentes pensadas para eventos privados.
Barra y azulejos como protagonistas
Como en el resto de locales de la marca, la barra vuelve a ser el elemento central del proyecto, acabada en acero y acompañada de taburetes de madera y estructuras metálicas que invitan a la rotación y a la interacción entre comensales.
A su alrededor, un gran mural de azulejo blanco pintado a mano recupera el oficio y la tradición cerámica que caracteriza a Mistela, narrando escenas urbanas que conectan las ciudades de Valencia y Madrid.
Toda la parte inicial de la planta baja fue elevada para conectarla mejor con la calle, de manera que la rampa de acceso a la segunda parte se trasladó y se integró con la barra.
Una paleta cálida y mediterránea
El diseño combina porcelánico en suelos y mobiliario con toques de amarillo mostaza y verde oliva en banquetas, azulejos y carpinterías, generando un ambiente cálido, luminoso e informal.
Sillas de líneas nórdicas, banquetas corridas tapizadas, estanterías abiertas con botellas y plantas colgantes completan un interiorismo pensado para sentirse como en un bar de siempre, aunque recién nacido.
En los aseos, el lenguaje se vuelve más sobrio y contemporáneo, con espejos de gran formato, iluminación indirecta y azulejo verde esmeralda que aporta un contrapunto fresco al resto del local.
En fachada, la estructura original se recupera y se combina con carpinterías blancas y un rótulo de letras volumétricas que anuncia, ya desde la calle de Manuel de Falla, la llegada de «somos barra, somos bar, somos barrio» a Chamartín.
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